Todos somos diferentes, tenemos características formas de pensar, de decir, maneras de vestirnos, gustos de comidas ¡El mundo sería muy aburrido si todos fuésemos iguales!
Pero habitualmente en la calle, en las familias, en los ámbitos d trabajo y hasta en los medios de comunicación se ven actitudes de desprecio o burlas ante otro que piensa, quiere o hace algo distinto a nosotros.
Ser tolerantes con nosotros mismos y con los demás nos posibilita mejorar nuestra calidad de vida, evitar odios y resentimientos influye hasta en nuestra salud y conocer a alguien con sus diferencias nos enrriquece, aprendemos y podemos descubrir algo nuevo que nos gusta.
Es bueno reflexionar sobre las propias acciones tratando de percibir si, sin darnos cuenta, repetimos este modelo de relación.
Es propio de la sociedad capitalista, individualista y competitiva el discriminar, desvalorizar, hasta el reirnos o burlarnos de los que no entendemos o no reconocemos como iguales.
Una actitud flexible en toda situación puede aportarnos experiencias positivas y aunque algunas veces parece difícil de lograrlo, proponérselo es el comienzo.
Antes de enojarse, de mostrarse agresivo con otro, deberíamos preguntarnos porqué estamos así y qué nos molesta.
Muchas veces el no poder plantear claramente las cosas, las molestias, las diferencias, hace que internamente se sienta odio y este se vuelca hacia afuera, pero ¿es con el otro o conmigo mismo que estoy enojado? ¿llegué a esto porque no supe manejar la situación para que no me haga daño?
Darse unos minutos ante cualquier acontecimiento cuando se siente que algo no marcha bien, reflexionar, hasta tomar un papel y lápiz y anotar las opciones puede ser un recurso para encontrar el camino en el que mejor nos sentimos y que nos sea más beneficioso.
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